Cuando Dios responde con silencio

Transcurría el año 2014 y mi contrato laboral llegaba a su fin.

A diferencia de lo que muchos de nosotros podemos sentir al momento de terminar un trabajo, yo no estaba triste o preocupada, estaba feliz.

Quería encontrar un trabajo a fin a lo que había estudiado, por algo pasé cinco años en la universidad. Me sentía preparada para enfrentar mi siguiente reto.

Lo que no sabía, era que el desafío empezaría desde antes de conseguir trabajo, todos los días, mientras pasaba el tiempo y seguía siendo una desempleada más.

Estoy segura que has vivido algo similar. Todos nos enfrentamos a la búsqueda de empleo algún momento de nuestra vida, y es muchas veces más frustrante que enriquecedora.

La pre búsqueda

Tengo que decirles que era totalmente nueva en esto de la fe, me había bautizado en la iglesia y comenzaba a tener parte activa en ella. Lo cual hacía más compleja mi decisión de confiar en Dios, y adicional a eso – lo cual lo hace más difícil – es que decidí serle fiel a Dios, cuando me propuse en rechazar todos los trabajos en los que me tocara trabajar en día sábado.

Hasta aquí todo parecía fácil. Los cristianos siempre hacemos matemáticas sencillas con esto. Si yo le era fiel a Dios, Dios es fiel conmigo y me daría el trabajo que estaba buscando muy pronto. Así funcionan las cosas con Dios. :).

Papá (mi abuelo) , que conocía mi situación me hizo una de las propuestas más bonitas que he recibido en la vida, él me dijo: Hija, ayunaremos por un mes todos los sábados para que Dios ponga en tu vida ese empleo que quieres y mejor te convenga.

A este punto, ¿qué más podía pedir? Estaba convencida que mi fidelidad más la oraciones y el ayuno con mi abuelo era la fórmula correcta para conseguir lo que más quería.

La espera

Creo que la primera semana, mi confianza en Dios no solo se mantenía, sino que adicional a eso, crecía. Mi abuelo y yo, orábamos y ayunábamos fielmente cada sábado. Me preparaba para ver el momento en que llegaría la respuesta a todo lo que estábamos pidiendo.

Los días y las semanas iban avanzando, el mes que al principio parecía largo, sentía que se íba muy rápido, que el tiempo volaba y que el final del mes lo veía a la vuelta de la esquina y nada pasaba. El emails no llegaban, y las llamadas tampoco.

Es fácil cuando durante ese tiempo, el señor te da pistas de cosas que podrían pasar cuando te llaman a entrevistas, y te preparas con la sensación de que eso tal vez es la respuesta de Dios, pero una vez asistes a la entrevista, donde eres muy sincera, transparente y toda una profesional, nada pasa. Quedan en una llamada que nunca llega.

La consolidación de la fe y confianza que tú y yo hoy tenemos, es un proceso. Aunque cueste entenderlo, la fe la contruye tú misma, esperando y resignandote muchas veces, porque crees que algo mejor vendrá.

Muchas veces pedimos que aumente nuestra fe, pero queremos evitar situaciones de vida que nos ayuden a hacerla crecer. En otras palabras, como cristianos nos gusta comer sentados a la mesa, una comida bien calientita, recién hecha, pero odiamos meternos a la cocina a prepararla.

Tengo que confesarles, que sola, en oración a Dios le decía. ¿Y si no llega el trabajo a fin de mes? ¿Estoy yo haciendo algo mal? ¿Algo en este proceso no funciona?

A ti te ha pasado lo mismo, y lo más duro de esto es que la respuesta de Dios, es muchas veces: silencio.

Lo que no entendemos, o mejor dicho, nos negamos a entenderlo es que el silencio de Dios también es una respuesta. 

El fin de mes

Llegó el último sábado del mes y terminó nuestro ayuno.

Ese día, miraba al cielo, esperando que el trabajo cayera de bien arriba, porque de otra forma, no me lo esperaba la verdad. Había pasado un mes, y yo seguía estando desempleada.

¿Saben? si nuestra vida dependiera de las veces que Dios responde nuestra oraciones tal cual las queremos, creo que las cosas serían muy distintas. Creo que como cualquier hijo, seríamos muy consentidos y caprichosos, porque sentíamos que tenemos la verdad absulta sobre nuestra vida, tomando las decisiones como creamos nosotros que es lo mejor para nosotros mismos.

Ignoramos así un Dios supremo, creador y que se preocupa cada segundo por la vida de sus hijos.

El domingo llegó después de ese sábado, donde la respuesta que esperaba de Dios, no llegó.

Y como todos en esta vida, no hay persona excenta de ir todas las noches a su habitación, y apagar la luz para dormir.

Tú y yo, apagamos la luz todos los días, y justo en ese momento es cuando somos quién realmente somos.

Ese día, recuerdo que le abrí mi corazón a Dios, y le dije: Dios, si serte fiel, esperar en ti no funciona, entonces muestrame qué plan tienes para mí, y por qué me haces pasar por esto.

A las 7:00 am, suena mi celular. Preguntaron por mí. Y les dije: Sí, ella habla.

Del otro lado, una señorita confirmaba mi nombre y mi interés por una propuesta de trabajo.

Lo curioso de todo esto, es que por más que haya aplicado a muchas vacantes, esta que describía la chica, nunca estuvo en mi lista, nunca apliqué a esa oferta de trabajo.

¡No lo podía creer!

¡Abuelooooooo, tengo una entrevista! Las palabras de mi abuelo las recuerdo como si hubieran sido ayer: Ay mija, Dios es grande!

Muchas preguntas venían a mi cabeza: ¿Por qué esperar un mes? ¿Por qué no antes? ¿Será este el trabajo?

Yo no lo podía creer estaba tan sorprendida pero también sabía que Dios había respondido a mi pedido, así que con mi mejor actitud fui a mi entrevista.

Era el lugar y el trabajo que yo había querido para ese momento.

Me realizó la entrevista el mismo gerente junto con el tesorero y el jefe de recursos humanos. Fue de esas entrevistas en que sientes que hablas muchísimo y se te va el tiempo volando, y la verdad me sentía muy cómoda.

Todo fluía de maravilla, tienes esa sensación de que eso es para ti, que todo encaja perfectamente.

En medio de la conversación, el gerente menciona que el horario laboral era de Lunes a Sábado.

Ese momento, eso que tenemos, que no sabemos cómo llamamos me subió y me bajó.

Una parte de mí decía: Quédate callada y consigue el trabajo que tanto has querido.

La otra parte decía: La fidelidad a Dios, paga, y paga mucho.

«Pidan y Dios les dará; busquen y encontraran; llamen a la puerta, y se les abrirá».

Mateo 7:7

Pero no pasó un segundo cuando dije: Agradezco la conversación, y la oportunidad, pero tengo que ser sincera y decirles que he decidido entregarle mi vida a Jesús, soy cristiana y el sábado para mí es un día especial, que dedico más que otros días a mi relación con Dios. Todo esto significa que si debo trabajar en sábado para aceptar este trabajo, pues prefiero no hacerlo.

Recuerdo perfectamente la cara de ellos, entre sorprendidos y confundidos, pero la mía muy sonriente de que había hecho lo correcto.

Uno de ellos rompió el silencio y me dijo: Vale, gracias por venir, nos ha gustado mucho tu perfil, pero tenían que evaluar otros candidatos.

Me levanté les agradecí, me despedí, salí tan tranquila de esa oficina.

Sabía que entré a esa oficina con Dios, y con Dios salí, el resto era problema de Dios, no mío.

Al día siguiente me llamaron diciendo que ellos no tendrían ningún problema con que yo no trabajara los sábados y que el empleo era mío.Quizás pude haber aceptado mi trabajo desde el principio ya que estaba poniendo en juego una gran oportunidad para mi vida profesional. Pero mi respuesta hizo honor a lo que soy y lo que he creído hasta hoy.

Aprendí desde muy pequeña a no negociar mis principios ni mis convicciones por nada en el mundo. ¿Estás dispuesto a renunciar a los que has creído por no dejar pasar una oportunidad cualquiera que sea?

Hoy más que nunca, pidámosle a Jesús que nos de la fuerza para mantenernos fieles, y seguros en lo que hemos creído. 

La recompensa, está a la vuelta de la esquina.

Idanela Hernandez

Lorica, Colombia.

1 Comment
  • Maria Roa
    Publicado a las 19:05h, 17 junio Responder

    Me encantó tu testimonio, he vivido muchas veces la misma situación, solo que de los trabajos nunca me llamaron a decirme que sí quedaba. Jajaja Pero gané fidelidad y gané confianza en Dios y hasta ahora Él nunca me ha fallado y me ha bendecido más de lo que he podido imaginar. Gracias por tu escrito Idanela y que Dios te siga bendiciendo.

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