Cuando ocurre lo inexplicable


Muy de mañana, desperté cuando los tibios rayos del sol entraron por la ventana de mi habitación y llenaron mis ojos luz. Me levanté de la cama e inmediatamente comencé prepararme para las faenas del día.


Bajaba las escaleras del edificio donde vivía, al llegar al lugar donde estacionaba el automóvil, me esperaban tres amigos que siempre me acompañaban en el viaje y los dejaba en la ruta de sus trabajos. Todo el camino discutíamos algún tema político, económico, de ciencia o de chicas. Ese día, discutíamos de la existencia de Dios.

¿Existe Dios?

Los planteamientos de ambos bandos eran con altura, no solo de conceptos, sino de nuestras voces. Eramos dos creyentes y dos ateos. La ciencia y la fe danzaban en medio de los discursos. Antes de dejarlos frente a la empresa donde trabajaban les dije:

“Amigos, independientemente de las controversias entre teorías. Un día decidí creer en Dios. Porque, para mi, fue más fácil ver milagros evidentes en un ser creador, que los milagros perfectos de la casualidad”.

Josúe Leger

Me miraron y se despidieron con la advertencia de continuar después.

Entré a la sala de espera del consutorio saludando a los pacientes y secretarias. Entré rápidamente hasta la consulta. Ya vestido, comencé las labores del día. A las 11:00 a.m. había terminado y me preparé para ir a impartir docencia a la universidad.

Estando en eso, suena el teléfono y la secretaria me llama, _ “Doctor lo llaman”.

Camino hacia el escritorio, recibo la llamada con un _ “Hola, soy el Doctor Leger. ¿Con quién tengo el placer?”

Del otro lado de la línea, una voz grave, bien timbrada me dice: _ “Hijo, soy el Pastor Diógenes Suero. Necesito tu ayuda. Tengo que viajar a Miami a una reunión en la Conferencia Interamericana, el vuelo es dentro de una hora y media y acaba de fracturarse una pieza dentaria”.

_ “Venga, de dije, lo más pronto posible”.

Llegó rápido, e inmediatamente iniciamos la solución del problema. Anestesiado y con toda la fractura preparada para restaurarla, se produjo un apagón eléctrico de todo el sector. Para desgracia, la planta eléctrica estaba recibiendo mantenimiento. Esperamos 10 minutos. El tiempo se acortaba para su viaje.

Me miró tranquilo, y me dijo: _ ¿Hay algún lugar donde pueda orar tranquilo?

Lo llevé al consultorio vacío que quedaba al fondo. En unos minutos, abrió la puerta lo suficiente como para asomar la cabeza y preguntarme:

_ ¿Ya llegó la luz?

Todos los que estábamos en la sala de espera, lo miramos sorprendidos.

_ No, no ha llegado, le dije, mientras accionaba el interruptor.

Cerró la puerta, y ahora todos nos quedamos expectantes. Sabíamos que estaba orando, pero la mayoría sonreía, otros lo creían una locura, yo sentía un profundo respeto por un viejo que oraba porque creía en los milagros. No dudaba de que Dios podía responderle, pero las condiciones no eran favorables.

Mientras conversábamos, alguien dijo:”Dios no hace milagros, él es Todopoderoso. El milagro se realiza para nosotros, quizás así creamos en su poder, en su bondad y amor”.

De la clínica al aeropuerto, a buena velocidad, se llega en media hora. El tiempo pasaba y quedaban pocos minutos, no mas de diez.

Volvió a abrir la puerta y asomando la cabeza, preguntó: ¿Ya llegó?

La secretaria miró dentro del consultorio y vio la lámpara prendida.

_ ¡Siii, llegó!

Corrió para poner todo en orden. Todos entraron a sus oficinas. Había llegado la luz.

Terminé el trabajo y el Pastor salió raudo del consultorio mientras decía: _ “Dios siempre responde las oraciones de sus hijos. Lo importante es esperar su respuesta con fe”.

Lo vi partir desde la ventana de la oficina. Solucionado su problema se marchó. Se fue la luz en ese momento. La disyuntiva era, ¿llegó la luz porque Dios la envió o llegó porque corrigieron la avería? Sentí la presencia de alguien en la puerta y giré la butaca donde estaba sentado. Me causó extrañeza la forma en que me miraban, sus expresiones faciales y sus ojos estaban llenos de asombro.

Tartamudeando me hablaron casi al unísono:

_ “Doctor, no hay luz. ¿Cómo usted tiene luz en su consulta?

Me levanté del asiento y caminé hacia la sala de espera.

Con una sonrisa le dije:

_ Claro, cuando terminé se fue.

_ “No Leger, nunca hubo luz, solo había luz en tu oficina”.

Entonces, me di cuenta, que Dios respondió la oración del Pastor Suero. Solo hubo luz en mi consultorio, el tiempo necesario para terminar la urgencia. Dios respondió el pedido de un hijo fiel. Todos quedamos silenciosos y reverentes.

Al otro día, les conté la experiencia vivida a mis amigos. Mientras hablábamos de lo ocurrido les cité de la Biblia algunos versículos que comparto contigo ahora.


“Les aseguro que si tienen fe y no dudan, no solo harán lo que he hecho con la higuera, sino que podrán decirle a este monte: ¡Quítate de ahí y tírate al mar, y así será!”

Mateo 21:21


“Para los hombres es imposible _ aclaró Jesús, mirándolos fijamente_, más para Dios todo es posible”.

Mateo 19:26

“Yo soy el Señor, Dios de toda la humanidad. ¿Hay algo imposible para mi?

Jeremías 32:27

“Todo lo puedo el Cristo que me fortalece”.

Filipenses 4:13

“… La oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho”.

Santiago 5:16

Ese milagro marcó mi vida, y afirmó mi fe en la necesidad de vivir ante su presencia. Por eso, te pido, que tomes la decisión de dedicarte a Dios cada día, para que obre en ti el milagro de vivir ante su presencia sin temor. El escucha la voz de sus hijos que guardan su palabra y sus mandamientos.

Dios te bendiga siempre.

Josué Leger

Santo Domingo, República Dominicana

3 Comentarios
  • Fredilia
    Publicado a las 22:11h, 01 noviembre Responder

    Excelente testimonio, para fortalecer la fe

  • Josué Leger Peña
    Publicado a las 18:31h, 14 noviembre Responder

    Gracias por darme la oportunidad de participar con ustedes. Es para mi una bendición.

    • Jennifer Ovalles
      Publicado a las 10:35h, 15 noviembre Responder

      Gracias a ti, por compartir tus experiencias.

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