En las manos del alfarero

La verdad es que no se como iniciar este post. Soy publicista, lo dije. Y quizás pienses… ¡A mí qué me importa! El soy publicista, es la excusa para contar esta historia.

Estudié publicidad mención diseño gráfico en la universidad pública de mi país, y el programa de estudio o pénsum de la carrera es diferente a muchos otros programas de otras universidades locales.

La publicidad en esta universidad estaba un poco enfocada en las artes plásticas. Te enseñaban dibujo, pintura y escultura o modelado, etc. No sé, si aún sigue siendo así.

Al inicio de la carrera hay una asignatura, llamada modelado. El modelado según la RAE consiste en la elaboración manual, de una imagen tridimensional de un objeto, ya sea una figura o adorno. Para ello, se puede utilizar varios materiales como: la cera, el barro u otra materia blanda.

Esta asignatura era prerrequisito de casi la mitad de mi pénsum. Y ahí estaba yo, en mi segundo semestre esperando tomar esta asignatura para poder avanzar.

☢️El terror

Todos los profesores de esta asignatura son muy estrictos y quisquillosos. Recuerdo que había un profesor muy famoso en nuestro círculo, él era el terror de todos los alumnos.

Este profesor reprobaba a casi todo el mundo, para colmo de males, él realidad nunca les enseñaba nada. En mi tiempo, él era el único profesor que impartía esa cátedra, además, solo existían tres secciones y todas eran impartidas en sábado. 

Estas secciones tenían alrededor de unos cincuenta o sesenta estudiantes, de los cuales pasaban la asignatura, tres o cuatro y con notas muy bajas. Por ejemplo, los estudiantes que aprobaban sacaban 70 y había algunos que reprobaron con un 69. Para él nadie hacía el trabajo bien, así era.

Él no tenía ningún criterio para evaluar a los estudiantes, la verdad es que pasabas la materia si le caías bien o si eras SUPER BUENO (sí con mayúsculas, porque tenías que ser, todo un Miguel Ángel).

Así que, la verdad, estaba muy preocupada, no quería tomar clases con ese profesor. Con lo cual, unos meses antes le pedí ayuda al que todo lo puede y Él contestó mis oraciones. No sin antes pasar por un proceso que tardó varios meses.

«Por cuanto yo estoy afligido y necesitado, el Señor me tiene en cuenta. Tú eres mi socorro y mi libertador; Dios mío, no te tardes».

Salmos 40:17

🎓La universidad

En el semestre siguiente Dios permitió que se abrieran más secciones. Estaba ¡feliz! porque en vez de tres, ahora serían cinco, y lo más importante era que habían abierto una sección un día en la semana. Para mi fue una gran alegría ver esa sección en el sistema, esto me daba esperanza y más confianza.

Unas semanas antes de la inscripción, la universidad se encargaba de publicar unos listados por internet, indicando el día y la franja horaria en que te correspondía seleccionar las materias; para ello utilizaban el número de tu matrícula y lo hacían en un orden descendente.

Cabe destacar que el sistema de inscripción y selección de asignaturas, aunque se hacía por internet, era nuevo, solo tenía algunos meses. Con lo cual, en esa época, tenía muchos inconvenientes. Era normal que a veces la página no entrara, o que en medio del proceso el sistema se quedara pillado o simplemente que se cayera. 

Entonces, como ya sabía que el sistema daba muchos problemas, el día que me tocaba la inscripción, me levanté de madrugada, como a eso de las cuatro de la mañana e inicié a hacer lo único que podía: orar, pedir y clamar.

«Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye». 

1 Juan 5:14

La verdad no recuerdo cuanto tiempo estuve dialogando con Dios. Lo que sí sé, es que logré inscribir la sección que necesitaba, aunque no fue una tarea fácil. Ese semestre daría la signatura en un día que no sería sábado;  no obstante, con el profesor que todos odiaban.  Yo estaba feliz.

👨‍🏫La clase

Llegó el día de mi primera clase, miércoles a las ocho de la mañana.

Entro al taller unos 5 minutos antes de la hora y veo a todos mis compañeros nerviosos, pero, para nuestra sorpresa, a los pocos minutos llegó un profesor nuevo, más joven, dinámico y con otra visión de la vida. Era muy estricto, sin embargo, nos trató con amabilidad. 

Ese primer día de clases, el profesor, nos habló de su sistema de evaluación, nos mostró los materiales que íbamos a utilizar e inició a trabajar con el modelo de arcilla que llevó como ejemplo, el cual todos fuimos trabajando.

Mientras las semanas pasaban la clase se volvió más interesante, se respiraba un aire de libertad, el profesor nos dejaba hablar, cantar y hasta escuchar música, todo ello mientras trabajamos con nuestros respectivos modelos, por supuesto. 

La arcilla que para todos nosotros al principio solo era una masa de un tipo de barro, con mucha práctica, paciencia y técnicas se fue convirtiendo en objetos. 

🏺El barro

La oportunidad de tocar el barro, de ver cómo se trabaja de cerca, es increíble. Recuerdo que podíamos comprar el barro ya mezclado, pero el profesor quería enseñarnos desde cero y he podido experimentar lo difícil que es prepararlo para que esté en su punto y perfecto para poder ser moldeado, no es fácil tampoco muy difícil, solo que lleva su tiempo de preparación.

Cuando compras el barro ya preparado y este llega al taller, no se puede iniciar a modelar, sino que hay que prepararlo. En este caso, se debe cortar y solo tomar lo justo para hacer la pieza. Inicias a trabajar poco a poco con el barro, amasando y dando la forma que quieres y durante varios días o semanas dependiendo de qué tan experto seas, hasta que llega a estar en su punto. 

En nuestro caso no lo llegábamos a hornear, sino que lo dejábamos secar al sol. Es un proceso muy bonito que puede tardar solo unos cuantos días, como a veces, se puede tardar meses en crear un objeto lindo y útil.  

Aunque muchos de nuestros modelos eran super imperfectos, el profesor nos desbarataba el proyecto, nos enseñaba cómo debía quedar el modelo, nos animaba a imitar sus movimientos e iniciar el proceso de nuevo. Y pasamos de moldear una simple esfera, a hacer orejas y narices en poco tiempo.

El profesor sabía que no todos éramos diestros para dicha tarea, también, sabía que estábamos dando lo mejor de cada uno. El semestre pasó rápido, todo el grupo, incluido el profesor nos volvimos amigos. En ese momento me di cuenta de que muchos de mis compañeros ya actuaban y medio hablaban como el profesor.

Una asignatura que creímos aburrida y sucia, en pocos meses pasamos a disfrutarla, y algunos llegaron incluso a amarla. Este profesor no solo se encargó de enseñarnos a modelar algún objeto, sino que inició a moldear nuestros gustos y hasta las actitudes, sin siquiera darse cuenta.

🤯No todo es perfecto

Para el examen final teníamos que hacer una cabeza completa y el profesor tenía que estar presente mientras trabajábamos. Como esto requería de mucho tiempo, el profesor nos indicó que ese final sería en sábado, para tener más horas de trabajo. La verdad estaba angustiada, después de tanto trabajo y esfuerzo perdería seis meses y esto conllevaba a perder casi un año y medio de la carrera. 

«En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos».

Salmo 18:6

Así que volví a hacer lo único que podía hacer en ese caso, ya saben, orar y confiar en que Dios, si era su voluntad, se encargaría de seguir abriendo el camino. 

«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».

Filipenses 4:6-7

 

Unos días antes de la entrega final un grupo nos reunimos en el taller a trabajar con algunos de los modelos anteriores que no estaban listos. Mientras ellos terminaban esos proyectos, yo trabajaba con mi proyecto final (la cabeza), se la dejé a una de mis amigas el viernes y me fui a casa. 

Muchos de mis amigos y compañeros que sabían que era cristiana, creían que estaba loca por no aprovechar la oportunidad de pasar esa asignatura con un profesor que nos trataba tan bien y que nos lo ponía tan fácil. Pero en mi mente lo tenía bastante claro, seguiría cumpliendo con la voluntad de Dios

Sin embargo, ese sábado mientras estaba en la iglesia recibí una llamada. (Normalmente, los sábados desconecto de ese tipo de llamadas pero está la estaba esperando, sabía lo que venía). Era mi amiga, la cual le pasó el celular al profesor y este me preguntó el motivo por el cual no estaba en la clase. Y yo sin más le recordé una conversación que habíamos tenido en clase sobre mi fe.

-El solo contesto  ¡Ahh, Ok! muy frío y colgó.

Esa misma noche, recibí otra llamada de mi amiga, la cual me contaba como mis compañeros dieron la cara por mí, presentaron mi trabajo y dieron el testimonio de que me había pasado tres días modelando mi cabeza de barro.

El profesor, que era muy estricto y no le gustaba hacer excepciones, aceptó el trabajo y aunque la nota que me otorgó no fue la mejor, aún así obtuve el puntaje necesario para aprobar. 

¡Alaben al Señor porque él es bueno, y su gran amor perdura para siempre!

1 Crónicas 16:34

Nunca supimos a ciencia cierta qué pasó con el otro profesor. Algunos decían que le habían obligado a tomar un año sabático, otros pensaban que se había jubilado y los más extremistas pensaban que había muerto. Yo solo sé, que el semestre siguiente este profesor regresó con sus mismas secciones y la misma actitud. Y el profesor con el cual di la asignatura, también, aunque con menos secciones y todas en días de semana.

Las lecciones aprendidas de esta experiencia sin duda son muchas, nos vamos a enfocar en las manos del Gran Alfarero.

✝️El Gran Alfarero❤️

Aunque en la historia anterior, los estudiantes, dejaron moldear sus gustos y las actitudes por un simple profesor. Dios en su palabra se compara a sí mismo con el alfarero, nosotros somos ese barro sucio y sin forma. Su obra es la de moldearnos y formarnos a su imagen y semejanza. 

“Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros”.

Isaías 64: 8

 

Una de las lecciones que debemos aprender, es una lección de total sumisión. Mientras que en la clase, nosotros, por nuestro propio esfuerzo intentábamos hacer los modelos sin dirección, siempre nuestros proyectos eran, muuyyy malos.😅 Pero cuando escuchábamos los consejos del profesor nuestros trabajos mejoraban.

Así mismo, cuando solo queremos resaltar el yo y dejamos atrás a Cristo entonces, somos como esas vasijas mal formadas que llegan a ser totalmente inútiles. Sin embargo, cuando se le da la debida atención a la instrucción divina y sometemos nuestro yo a su voluntad, la mano del Gran Alfarero producirá un vaso simétrico.

Aprendiendo diariamente en la escuela de Cristo

Una genuina relación con Cristo proviene de la obediencia a las palabras: “Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí ...” Todo el que ha experimentado esto tiene un intenso anhelo de conocer la plenitud del amor que sobrepuja todo conocimiento y constantemente aumenta su capacidad para disfrutar del amor de Dios. 

El verdadero cristiano, comprende que él es un material con el cual está obrando Dios y que debe ser pasivo en las manos del Gran Maestro… 

Porque Dios aprovecha todos los momentos para seguir trabajando con cada uno de nosotros, para seguir moldeándonos, somos sus obras en construcción. Cuando estamos con el corazón endurecido, viviendo nuestra vida y pasando absolutamente de Dios, quizás, ahí nuestra coraza impide que él modele nuestro corazón.

Pero en medio de la angustia, la dificultad, en esos momentos difíciles, en esos momentos en que no quieres nada, es ahí cuando él más nos llama a tener una experiencia más íntima con Él.

El señor utiliza cada experiencia en nuestra vida para hacernos pensar.  Y si buscas al Señor con humildad y confianza, cada prueba resultará para tu bien. A veces te parecerá que fracasas, pero tu supuesto fracaso para alcanzar el lugar donde esperabas estar puede ser el camino de Dios para hacerte avanzar. Piensas que has fracasado, pero tu supuesto fracaso significa un mejor conocimiento de sí mismo y una confianza más firme en Dios… 

El alfarero desea que seamos mansos, humildes y contritos, y que sin embargo estemos llenos con la seguridad que proviene de un conocimiento de la voluntad de Dios.

Porque Dios “No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio… Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia”.

2 Timoteo 1:7, 9.

¡Déjate moldear por las manos del Gran Alfarero! Aquí, te dejo una hermosa canción.

https://www.youtube.com/watch?v=WRLVq8Uq2Xo&list=RDWRLVq8Uq2Xo&index=1&ab_channel=EvanCraft

 

Déjanos saber en los comentarios ¿Cómo Dios esta moldeando tu vida? ¿has tenido algún tipo de situación similar? ¿Cómo la has enfrentado?

Ayúdanos a compartir la palabra con más personas, es por ello, que si te gusto este post compártelo con todos tus amigos y conocidos.

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