Lo que Dios espera de ti

Hasta hace un par de semanas George Floyd era solo conocido por su familia y amigos. Sin embargo, luego del pasado 25 de marzo se convirtió, sin buscarlo, en la imagen de un movimiento de protesta en contra del racismo, que arrancó en una sola ciudad en los Estados Unidos y en solo unos pocos días se ha extendido por muchos países.

Es tan fuerte el repudio por el racismo y en general por las injusticias sociales en el mundo, que en la última semana esta noticia logró opacar a la mayor pandemia de los últimos cien años.

Personalmente no puedo evitar sentir rabia ante actos de racismo, xenofobia, injusticia social y abuso. Pero ¿es mi indignación suficiente? ¿es mi molestia detrás de la pantalla de mi computador todo lo que Dios espera de mí, que digo ser su seguidor?

¿Tiene algo que decir la Biblia acerca de la justicia social?

Quise revisar si en medio de las historias de la Biblia podía encontrar algún ejemplo, no solo de indignación, sino de acción en contra de estos problemas sociales, algún valiente que se haya puesto en pie delante del pueblo, delante de reyes y levantar su voz para condenar a aquel que se arrodillaba sobre el cuello del oprimido para asfixiarlo. Y para mi sorpresa encontré varios.

Auditores morales

El profeta Isaías se levantó delante de su gente y tras condenar la práctica monótona y sin sentido de sus rituales religiosos los exhortó,

“dejen de hacer lo malo y aprendan a hacer lo bueno, ¡busquen la justicia! ¡reprendan a los opresores! ¡hagan justicia con los huérfanos y defiendan los derechos de las viudas!… ¡ay ciudad fiel! ¡cómo te has caído! Antes residía en ti el juicio y derecho, ahora el asesinato. Tus príncipes son rebeldes y cómplices de ladrones; todos ellos aman el soborno y van tras recompensas; no les hacen justicia a los huérfanos, ni les importa defender los derechos de las viudas. ¡Ay de los que dictan leyes injustas y emiten decretos opresivos! Con ellos evitan la defensa de los pobres y les niegan la justicia de los afligidos de mi pueblo.”

Isaías 1:17,21,23; 10:1

El profeta Jeremías entró al palacio del gobernante de su país, y frente a su trono dijo a este y sus asesores: “Practiquen la justicia y el derecho. Liberen de sus opresores a los oprimidos. No engañen ni roben al extranjero, ni al huérfano ni a la viuda. No derramen sangre inocente en este lugar.” Y tal vez con la misma indignación que yo siento cuando veo una injusticia, solo que no detrás de una pantalla sino frente a una corte real reprendió,

“¡Ay de ti que eriges tu palacio sin justicia, y tus salas sin equidad! ¡Ay de ti que explotas a tu prójimo y no le pagas el salario digno de su trabajo!”

Jeremías 22:13

Por su parte Zacarías se dirigió a los líderes espirituales de su época y les recordó el significado del verdadero ayuno diciéndoles,

“juzguen ciñéndose a la verdad, y sea cada uno misericordioso y compasivo con su hermano”

Zacarías 7:9

Inclusive Asaf, el músico y compositor de salmos, en medio de melodías dejó oír su reprensión,

“¡defiendan a los pobres y a los huérfanos! ¡hagan justicia a los afligidos y menesterosos! ¡liberen a los afligidos y necesitados! ¡póngalos a salvo del poder de los impíos!”

Salmo 82:3,4

Estos hombres fueron auditores morales en su época y país;  no tuvieron temor de hablar fuerte en frente del pueblo, sin miedo se presentaron ante cortes y palacios. Y ya sea a través de cartas, cantos o su propia voz protestaron en contra de aquellos que fueron llamados a ser guardianes de la justicia social, pero que el orgullo y la ambición había corrompido sus acciones. Y  podría agrandar la lista incluyendo personajes del Nuevo Testamento tales como Juan el Bautista, Pablo y el mismo Jesús. 

¿Y qué de nosotros?

La pregunta ahora es, ¿Qué tiene que ver todo esto conmigo? ¿Será acaso que debido a que la salvación es un asunto personal, lo que pasa afuera de las puertas de mi templo no tiene que ver conmigo? Y permítanme ser un poco más directo, ¿Será acaso que mi adoración a Dios como cristiano se reduce solo en leer la Biblia, cantarle alabanzas y asistir a los servicios de culto?

Hacer Justicia

“¿Cómo me presentaré y adoraré al Dios altísimo? ¿Debo presentarme ante Él con holocaustos y sacrificios? … ¡Hombre! El Señor te ha dado a conocer lo que es bueno, y lo que espera de ti, y que no es otra cosa que hacer justicia, amar la misericordia, y ser humilde ante el Señor”

Miqueas 6:6,8

Creo que como creyentes es mucho lo que podemos hacer, así parezca poco. De manera individual podemos vivir bajo los principios de la compasión, siendo ejemplo para aquellos que nos ven. Podemos no quedarnos callados cuando vemos que se comete una injusticia con alguien cerca a nosotros. Con nuestra comunidad de creyentes local podemos practicar la justicia divina tal y como la enseña el evangelio, una justicia que no se centra en dar al otro lo que merece sino lo que necesita.

Y finalmente a través de nuestras instituciones nacionales e internacionales podemos dar respuestas más vehementes en contra de los problemas de racismo, corrupción, clasismo, opresión e incluso la violencia y la guerra. Que la prudencia ante los asuntos políticos no nos convierta en cómplices silenciosos.

Salomón termina el libro de proverbios con una invitación:

“Habla en lugar de los que no pueden hablar; ¡Defiende a todos los desvalidos! Habla en su lugar y hazles justicia; ¡Defiende la causa de los pobres y de los que tienen necesidades!”

Proverbios 31:8,9

Jose Cardozo.

 

 


2 Comentarios
  • Maria Roa
    Publicado a las 18:56h, 17 junio Responder

    Totalmente de acuerdo. De alguna forma quién se queda callado e inane en tiempos de injusticia se hace cómplice. El evangelio debe ser práctico.

  • Marcela Pinzon Castañeda
    Publicado a las 18:59h, 17 junio Responder

    Jesús lo dejo dicho… Ama a tu prójimo como a ti mismo. Somos seres con almas y vidas rotas y mientras no exista esa sanación mental, emocional y física que nos permita amar lo que somos, no podremos hacerlo con nuestros semejantes. Gracias por el texto, muy acertado para nuestro presente.

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